VIGENCIA CUENTOS TRADICIONALES

trescerditosAl plantearnos la cuestión de la vigencia de los cuentos tradicionales, se hace imprescindible una definición exhaustiva y una ubicación en cuanto a las raices y a la función social, política y cultural de los mismos.

En 1928, Vladimir Propp, linguista ruso precursor del antropólogo francés Levy-Strauss, publica un estudio llamado “Morfología del cuento” en el que rebela que todo cuento maravilloso se conforma en el entramado de 31 funciones (acciones de los personajes, referidas a la intriga de la historia), sustentadas por 7 personajes. Esta estructura sirve de urdimbre para la formación del cuento, y en la actualidad, para la recogida, estudio, comparación e incluso rehabilitación de los mismos.

A esta ingente labor podemos añadir la del filólogo español A. R. Almodovar, que se dedicó a aplicar esta estructura, por relación analógica, al estudio de los otros tipos de cuentos (de costumbres y de animales).

Gracias a este afortunado hecho, han podido establecerse ciertos parámetros que nos permiten situar temporalmente las historias, y por lo tanto contrastarlas con hechos históricos, ritos, costumbres, totemismos, etc…

De esta manera, Vladimir Propp, en su obra “Raices históricas del cuento”, sitúa el nacimiento de los cuentos maravillosos, en el único momento de auténtica revolución que ha experimentado la especie humana: el paso del Paleolítico al Neolítico, que significa el abandono paulatino de la sociedad de clanes (nómada, endógama, sustentada en la caza, y practicante de un comunismo primitivo), y la adquisición de la forma de vida de las sociedades agrarias (sedentarias, exógamas, defensora de los derechos de la propiedad privada, y de su transmisión a hijos legítimos). Siendo este momento el paso del animal humano al humano humano.

En nuestra cultura, tal inicio podemos situarlo histórica y geográficamente en los pueblos indoeuropeos, que más tarde se extendieron por el norte de Asia, Europa y por toda la cuenca del mediterráneo.

Es por esto que existen “Cenicientas” arcáicas en el antiguo Egipto, o que “Hansel y Gretel”, “Los tres cerditos”, “Caperucita roja”, “Pulgarcito”, “Garbancito” y un larguísimo etcétera de cuentos, tienen versiones que proceden de España, Italia, Alemania, Rusia, norte de África, etc… Sin embargo, es necesario matizar que si bien estos cuentos proceden de aquel entonces, han sufrido cambios y transformaciones más o menos afortunadas. Así por ejemplo, en el s.XIX, en pleno despotismo ilustrado, los cambios que se produjeron en muchos de ellos, transformaron a los cuentos de animales en fábulas llenas de moralina, a los cuentos maravillosos en versiones edulcoradas de si mismos, incapaces de transmitir el mensaje del que eran portadores, y a los cuentos de costumbres en una excusa para validar la misoginia y el capitalismo arcáico.

Para poder explicar la vigencia de estos cuentos, es necesario pues, conocer los anteriores datos referidos a su ubicación geográfica y temporal. Pero sobre todo es necesario conocer el hecho de que aquella sociedad que se humanizaba, estaba definiendo una serie de necesidades sociales, culturales y políticas, y que uno de los vehículos más importantes para la transmisión de estas, eran los cuentos. En ellos podemos ver claramente la sustitución y denuncia de ciertos rituales arcáicos, que resultaban abusivos o innecesarios (violación, antropofagia, prácticas incestuosas, ciertas prácticas de culto a los muertos) y su evolución hacia otros más acordes con el periodo evolutivo de las sociedades.

proppDe hecho, la temática principal que presentan los cuentos, versa sobre las relaciones conflictivas con los padres, el hambre (carencia), la soledad, el abandono, la muerte, la mayoría de edad, el sexo, y una larga lista de temas que han resultado y resultarán siempre ineludibles a los seres humanos.

En estos cuentos se encierran por tanto la representación del cosmos de una civilización, la nuestra, la civilización occidental, que al margen mismo de esta cosmología ha evolucionado siguiendo uno de los múltiples caminos que aquella revolución proponía.

Aún se podría decir más en favor de estos cuentos, ya que si resulta interesante la estructura interna, la contextualización, y la temática de estos, no lo es menos su forma de transmisión o su estructura formal.

La forma de transmisión de estos cuentos es oral (no leida, sin imágenes, y sin descripciones) y esto supone un hecho crucial.

El que la historia no sea leida, produce inevitablemente una relación entre el que cuenta y el que escucha, donde el que cuenta puede observar la reacción del otro frente a sus palabras, y donde el que escucha puede sentir que la historia contada, es efectivamente una historia para él.

Antiguamente, el mácaperucitas viejo del lugar solía explicar los cuentos, no solo a los niños, sino al resto de la comunidad, en reuniones familiares, en tertúlias campesinas, o en otros contextos sociales. Ningún género literário posee esta cualidad única y tal vez sea porque hasta el siglo XIX, no fue considerado un género literario. Así pues, la fuerza y el poder de atracción que poseen los cuentos reside en gran medida en la transmisión oral (del tipo anteriormente descrita) a un grupo heterogéneo.

Por último, en cuanto a su estructura formal, el hecho de que no existan ni imágenes ni descripciones, resulta también de suma importancia.

Sin imágenes predefinidas o estereotipadas que se impongan al individuo, éste pasa, de ser un mero receptor, a un sujeto activo, que puede elaborar las imágenes mentales que le son necesarias para trabajar con el tema que trata la historia. Y además las creará a su medida, es decir, que podrá elaborarlas de tal manera, que no sobrepasen su capacidad para trabajar con ellas y que no le dejen indiferente.

Resulta de todo esto, tal como lo explica A.R. Almodóvar que “los cuentos tradicionales, forman parte de nuestro subconsciente y de nuestro inconsciente colectivo, y nos ponen frente a la evidencia de que mucho más allá de los códigos racionalizados existen los códigos ocultos del mundo en que vivimos, en buena parte derivados y transformados de los que gobernaron a nuestros antepasados prehistóricos.”

“Aqui acaba el cuento con pan y pimiento. Por un agujero salgo y por otro entro.”

Rubeń Rodriguez García.

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